venerdì 28 settembre 2007

I(n)spirazioni notturne...

Vincent Van Gogh, Notte stellata sul Rodano

Converrà presto perdere, forse, questa infeconda abitudine di riservare alle ore notturne un piccolo spazio del proprio tempo, un angolo esiguo ma confortevole nel quale poter accendere delle luci e contemplare, in tal modo, svariate dimensioni nascoste della propria anima.
Dovrò pur accorgermi, un giorno, di quanto vane siano le immagini di tanti orizzonti notturni; un giorno, perderanno forse la loro nitidezza, e il profumo inebriante e rasserenante che certe forme conservano nell’istante eterno della loro apparizione.
Ma intanto, la notte ansima, e parla, con pretesti che, ammaliato, resto imperterrito ad ascoltare...



Frescor de los vidrios al apoyar la frente en la ventana.

Luces trasnochadas que al apagarse nos dejan todavía más solos.
Telaraña que los alambres tejen sobre las azoteas.
Trote hueco de los jamelgos que pasan y nos emocionan sin razón.
¿A qué nos hace recordar el aullido de los gatos en celo,
y cuál será la intención de los papeles
que se arrastran en los patios vacíos?
Hora en que los muebles viejos aprovechan para sacarse las mentiras,
y en que las cañerías tienen gritos estrangulados,
como si se asfixiaran dentro de las paredes.
A veces se piensa,
al dar vuelta la llave de la electricidad,
en el espanto que sentirán las sombras,
y quisiéramos avisarles
para que tuvieran tiempo de acurrucarse en los rincones.
Y a veces las cruces de los postes telefónicos,
sobre las azoteas,
tienen algo de siniestro
y uno quisiera rozarse a las paredes,
como un gato o como un ladrón.
Noches en las que desearíamos
que nos pasaran la mano por el lomo,
y en las que súbitamente se comprende
que no hay ternura comparable
a la de acariciar algo que duerme.

Oliverio Girondo ("Nocturno")

lunedì 17 settembre 2007

A Barcelona, un altre cop

Ogni ritorno a Barcellona porta con sé svariati ritorni: strade, palazzi, volti, suoni, libri, ricordi. Ciononostante, le immagini del passato lentamente svaniscono, dolcemente sostituite dalla vivida presenza di una realtà che, fragile eppur instancabile, lotta caparbiamente contro le arroganti pretese della memoria.

Intanto, i miei passi avvolgono tanti ostinati pensieri, e lungo il Moll de la Fusta la statua di Joan Salvat-Papasseit mi richiama alla mente alcuni dei suoi versi più intensi, rammentando – a me e a quanti, transitando davanti al profilo del poeta, ricorderanno i medesimi versi – i pericoli di chi, incoscientemente, si espone alla scure del tempo senza tentare alcuna disperata fuga, prima che sia il tempo a dileguarsi (“Chi tempo aspetta – scrisse Lorenzo il Magnifico –, assai tempo si strugge: / e ‘l tempo non aspetta, ma via fugge”), prima che il tempo privi il corpo delle più umane (le più sensuali) tra le sue passioni:


Si en saps el pler no estalviïs el bes
que el goig d'amar no comporta mesura.
Deixa't besar, i tu besa després
que és sempre als llavis que l'amor perdura.

No besis, no, com l'esclau i el creient,
mes com vianant a la font regalada.
Deixa't besar -sacrifici fervent-
com més roent més fidel la besada.

¿Què hauries fet si mories abans
sense altre fruit que l'oreig en ta galta?
Deixa't besar, i en el pit, a les mans,
amant o amada -la copa ben alta.

Quan besis, beu, curi el veire el temor:
besa en el coll, la més bella contrada.
Deixa't besar i si et quedava enyor
besa de nou, que la vida és comptada.

(Joan Salvat-Papasseit, “Mester d’amor”)

sabato 1 settembre 2007

“Cuando uno subraya un libro…”

In una interessantissima intervista rilasciata nel 1976, Julio Cortázar confessa di appartenere “a esa especie siniestra que lee los libros con un lápiz al alcance de la mano, subrayando y marcando” e, riprendendo una fonte non meglio precisata, afferma: “alguien dijo, no sé quién, que cuando uno subraya un libro se subraya a sí mismo, y es cierto”.
Chissà se la stessa cosa non valga anche per chi inserisce delle poesie in un blog. Il più delle volte il diarista non cerca infatti, in maniera analoga, di sottolineare un’esperienza simile a quella del poeta citato, o di rimarcare l’affinità tra la propria sensibilità e quella espressa dai versi trascritti?
Può darsi. Magari anche quando un impulso irrefrenabile di aggiornare il proprio blog spinge uno di essi a selezionare, in tre minuti o poco più, questa meravigliosa lirica del già menzionato scrittore argentino:


Hablen, tiene tres minutos

De vuelta del paseo
donde junté una florecita para tenerte
entre mis dedos un momento,
y bebí una botellas de Beaujolais,
para bajar al pozo donde bailaba un oso luna,
en la penumbra dorada de la lámpara
cuelgo mi piel y sé que estaré solo en la ciudad
más poblada del mundo.

Excusarás este balance histérico,
entre fuga a la rata y queja de morfina,
teniendo en cuenta que hace frío,
llueve sobre mi taza de café,
y en cada medialuna
la humedad alisa sus patitas de esponja.

Máxime sabiendo que pienso en ti obstinadamente,
como una ciega máquina, como la cifra que repite
interminablemente el gongo de la fiebre
el loco que cobija su paloma en la mano,
acariciándola hora a hora
hasta mezclar los dedos y las plumas
en una sola miga de ternura.

Creo que sospecharás esto que ocurre,
como yo te presiento a la distancia en tu ciudad,
volviendo del paseo donde quizá juntases
la misma florecita, un poco por botánica,
un poco porque aquí,
porque es preciso
que no estemos tan solos,
que nos demos un pétalo,
aunque sea un pasito, una pelusa.

(Julio Cortázar, “Hablen, tienen tres minutos”)